LA TORTURA EN LA ARGENTINA
Doctora Diana R. Kordon
Doctora Lucila L. Edelman
Licenciada -Elena Nicoletti
Doctor Darlo A. Lagos
Licenciada Raquel C. Bozzolo
Licenciada Ester Kandel
El presente trabajo ha sido realizado sobre la base de entrevistas anónimas a veintisiete personas que fueron torturadas y de nuestro contacto directo durante los últimos siete años de vida en la Argentina con numerosas víctimas de la represión. De los veintisiete casos, ocho estuvieron desaparecidos durante un período y fueron luego liberados diecisiete fueron presos reconocidos (algunos de ellos pasaron primero, por la condición de desaparecidos) y liberados tras, varios años de cárcel. Dos personas se negaron a responder.
Por las condiciones de la represión en nuestro país hemos resuelto no adjuntar el material de entrevistas para evitar cualquier posibilidad de comprometer a las personas que se prestaron a colaborar con nuestro trabajo a través del relato de su experiencia.
"La Asamblea General ordena la prohibición del detestable uso de los tormentos adoptado por una tiránica legislación", Buenos Aires, 19 de mayo de 1813.
"Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormentos y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas", Constitución Nacional."1853.
Aunque legalmente prohibida la tortura siguió existiendo en la Argentina, secreta pero eficiente, cambiando las formas aunque no la esencia. Su uso se fue extendiendo hasta convertirse en los últimos años en un procedimiento de rutina con los presos políticos.
Pero a partir del golpe de Estado de 1976, que instaura una dictadura antinacional y antipopular, se produce un cambio cualitativo en las condiciones de la represión, cuyo rasgo principal es la implantación del sistema de la desaparición de personas, sin precedentes en nuestro país.
La descripción de este sistema ha sido realizada exhaustivamente por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, particularmente en el capítulo 3, de su informe.
El conocimiento de este sistema, al que se suman la compacidad de la Justicia el silenciamiento, sobre los hechos, la masividad de la represión y de las campañas de acción psicológica de la dictadura, es imprescindible para ubicar el contexto en el que se realizó la aplicación sistemática de la tortura.
Todo detenido sabía que iba a ser torturado y efectivamente así ocurría ya fuera para obtener información que se suponía que poseía, probar su "culpabilidad" o simplemente como castigo. La tortura podía ser más o menos prolongada, con mayor o menor ensañamiento pero era inevitable.
Todos estos hechos configuraban una situación de terror que afectaba profundamente al sujeto y dentro de la cual la tortura propiamente dicha constituía una etapa más.
Para describir las formas de la tortura en la Argentina en este período transcribiremos textualmente una parte del apartado D del capítulo 5 del Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, página 217, conscientes de que el horror que produce su lectura es inevitable en el acercamiento a estos hechos, y es sólo un ínfimo reflejo de los padecimientos de quienes los sufrieron.
“Los apremios físicos y las torturas se habrían llevado a cabo principalmente en la etapa de los interrogatorios, como se deduce de las denuncias presentadas a la Comisión relativas tanto a detenidos en las cárceles argentinas como a personas desaparecidas o secuestradas cuya situación ha podido trascender.”
“Muchos son los medios que para la aplicación de apremios ilegales y para la ejecución de la, tortura tanto física, como psíquica y moral, se habrían puesto en práctica en lugares especiales de detención donde las personas fueron llevadas para interrogatorios y que se conocen como “chupaderos”, e inclusive, en algunos casos, en los propios centros carcelarios del país.”
“Estos procedimientos de tortura se prolongaron en muchas ocasiones hasta por varios meses en forma continua, en las llamadas sesiones para interrogatorios.”
“Entre las modalidades analizadas y escogidas por la Comisión de los muchos testimonios que obran en su poder, figuran las siguientes:
A) Golpizas brutales en perjuicio de los detenidos que han significado en muchas ocasiones quebradura de huesos y la invalidez parcial, en el caso de mujeres embarazadas la provocación del aborto, y también, según determinadas alegaciones han coadyuvado a la muerte de algunas personas. Este tipo de palizas han sido proporcionadas con diferentes clases de armas, con los puños, patadas y con instrumentos metálicos, de goma, madera o de otra índole. Hay denuncias que refieren casos en que la vejiga ha sido reventada y, han sido quebrados el esternón y las costillas o se han producido lesiones internas graves.
B) El confinamiento en celdas de castigo, por varias semanas, de los detenidos, por motivos triviales, en condiciones de aislamiento desesperante y con la aplicación de baños de agua fría.
C) La sujeción de los detenidos maniatados con cadenas, entre otros lugares en los espaldares de camas y en los asientos de los aviones o de los vehículos en que han sido trasladados en un lugar a otro, haciéndolos objeto, en esas condiciones, de toda clase de golpes e improperios.
D) Simulacros de fusilamiento y en algunos casos el fusilamiento de detenidos en presencia de otros prisioneros, inclusive de parientes, como ha sucedido, entre otras denuncias, en Córdoba, Salta y en el Pabellón de la Muerte de La Plata.
E) La inmersión mediante la modalidad denominada submarino, consistente en que a la víctima se le introduce por la cabeza, cubierta con una capucha de tela, de manera intermitente, en un recipiente con agua, con el objeto de provocarle asfixia al no poder respirar, y obtener en esa forma declaraciones.
F) La aplicación de la llamada picana eléctrica, como método generalizado, sujetándose a la víctima a las partes metálicas de la cama a efecto de que reciba elevados voltajes de electricidad, entre otras zonas del cuerpo, en la cabeza, en las sienes, la boca, las manos, las piernas, los pies, los senos y en los órganos genitales, con el complemento de mojarles el cuerpo para que se faciliten los impactos de las descargas eléctricas. De acuerdo con las denuncias, en algunos casos de aplicación de picana se mantiene un médico al lado de la víctima para que controle la situación de la misma como consecuencia de los shocks que se van produciendo durante la sesión de tortura.
G) La quemadura de los detenidos con cigarrillos en distintas partes del cuerpo, hasta dejarlos cubiertos de llagas ulcerosas.
H) La aplicación a los detenidos de alfileres y otros instrumentos punzantes en las uñas de las manos y los pies.
I) Las amenazas o consumación de violaciones tanto de mujeres como de hombres.
J) El acorralamiento de los prisioneros con perros bravos entrenados por los captores, hasta llegar al borde del desgarramiento.
K) El mantenimiento de los detenidos encapuchados por varias semanas acostados y atados de pies y manos mientras reciben golpes.
L) La suspensión de los detenidos, amarrados o esposados de las manos y sujetos por barras metálicas o de madera u otros artefactos del techo, manteniéndole los pies a pocos centímetros del suelo, el que se cubre con pedazos de vidrio. También casos en que las víctimas son colgadas de las manos o de los pies produciéndoles fracturas de las caderas o de otras partes del cuerpo.
M) El mantenimiento de los detenidos por prolongadas horas completamente parados.
N) La aplicación de drogas a los detenidos, o de suero o inyecciones como consecuencia de las prolongadas torturas, cuando han perdido el conocimiento.
O) El procedimiento de requisas de los presos, que se lleva a cabo en forma minucia y con abusos en todas partes del cuerpo, produciendo la consiguiente humillación; y
P) La aplicación del llamado cubo, consistente en la inmersión prolongada de los pies en agua bien fría y luego caliente."
Objetivos de la tortura
El objetivo de la tortura es aniquilar la resistencia del sujeto. Se utilizan desde golpes hasta los instrumentos más sofisticados para producir gradaciones crecientes de dolor físico, intentando llegar al límite de la resistencia de la víctima. Si se produce la muerte, ésta es una, consecuencia accidental, generalmente no deseada.
Por esto en la mayoría de los testimonios recogidos en nuestra investigación aparece una clara división, entre aquellos encargados de "torturar para interrogar y los que se ocupaban de la eliminación física de las víctimas.
Así se explica, también, la presencia de médicos en las sesiones de tortura, ya que el objetivo era quebrar la fortaleza de la persona, pero manteniéndola viva mientras se considerase que, pudiera ser útil. Por otra parte los testimonios descubren también, casi invariablemente, otra división de tareas entre los que infligen el dolor físico, “los malos”, y los que persuaden y amenazan, “los buenos”.
Sólo a los fines de un análisis minucioso, dentro de la situación de tortura podemos caracterizar algunos aspectos como tortura psicológica. Incluimos en esto todo el proceso que rodea una detención, incluyendo las amenazas referidas al detenido o a su familia, tortura de seres queridos o de otras personas en su presencia, anticipación de la tortura.
Transcribimos un fragmento de uno de los testimonios que consideramos representativos de esta situación:
"Yo estaba durmiendo, cuando me desperté me vi rodeada por varias personas que me sacaban de la cama y me exigían que saliera con ellas. Como sufro del corazón manoteé mis pastillas. Me dicen: “Pastillas no, aunque sabemos que sufrís del corazón”, Me dicen que me calle porque si no se llevan a mi hija (mi hija menor, porque la otra está desaparecida) también... Me dicen: “Mirá, desgraciada, no te vamos a dar máquina porque te vas a morir enseguida”.
"Estoy encapuchada atada a una mesa, más o menos cuatro días estoy así. Luego llegan los interrogadores. Me llevan a otra pieza y me sacan la ropa y me atan a la mesa. Me empiezan a pegar puñetazos. Sobre todo arriba de los pechos. Me hacen campana en los oídos alternando con puñetazos en la cabeza. No puedo decir cuánto tiempo lleva esto. Cuando me dejan logro soltar una mano, me levanto un poco la capucha, y me toco los oídos, que sangraban mucho. Veo las paredes curvas, no puedo describirlo bien. Durante la tortura hay una colaboradora que convive con ellos que me conocía, y como yo no hablaba nada decía: “Traigan a la chica” (por mi hija). Yo estoy sorda todo el tiempo. Se escuchaba todo. Yo pensaba "No me voy a morir, no, no tengo que morirme”. En la tortura lo peor eran esas campanas en los oídos y las quemaduras de cigarrillos en distintas partes del cuerpo. No sé si por los golpes o por qué, yo veía bichos, como bichos grises, ¿eran alucinaciones? Más o menos a los veinticinco días reconocí que las paredes eran paredes... Primero, durante los primeros quince días, más o menos, venían todos los días a torturarme. Luego cada cuatro días. Me daban también duchas heladas. El médico les dijo que pararan... Los guardias les tenían terror a los interrogadores. Eran un oficial y un suboficial… Cuando descubro que mi marido estaba allí sufro un golpe muy terrible…Establecemos un sistema de comunicación, el tosía y yo tosía, hasta que nos descubren… La colaboradora decía “traigan a la chica”, van a ver cómo se hace más la valiente”. Esa chica era una tortura para mi: hacerme creer que tenían a mi hija allí. Decían en voz baja: “Ni se te ocurra hablar”. Ahí me desinflé muchísimo, lloraba. Pensaba que no lo íbamos a rescatar más”
La mayor parte de nuestros entrevistados han sido torturados y luego han estado "desaparecidos" o han sufrido un período de detención prolongado. Ambas situaciones son relativamente equivalentes a la tortura física, en cuanto a sus objetivos (destrucción de la persona) y los mecanismos psicológicos que se ponen en juego.
Procesos psíquicos en la tortura
Si bien la tortura es un método de represión política y en consecuencia no puede ser calificado en términos psicológicos, involucra inevitablemente procesos de esta naturaleza que intentaremos describir.
Ataque a la identidad
Amén de la información que se busca extraer, la tortura pretende afectar la identidad de la víctima, entendiendo por identidad el conjunto de representaciones y la valoración que un sujeto posee de sí, que le produce un sentimiento de mismidad y que le permite mantener la cohesión interna a lo largo del tiempo. La agresión física y psicológica, instrumentada con modalidad sádica intenta colocar a la víctima en situación de "estar a merced" y producir efectos de despersonalización.
Los ataques físicos tienden a producir vivencias de aniquilamiento y de destrucción del esquema corporal.
Así, hemos observado que además del dolor físico hay un especial interés en que el detenido "vea" los resultados físicos de la tortura, en si mismo, en sus seres queridos o en otros torturados, para producir efectos de desesperación y fenómenos de identificación: "Así vas a quedar vos" o "Así estás vos". En las entrevistas hemos escuchado frecuentemente relatos cargados de afecto angustioso respecto del estado físico de ellos mismos o de otros, en términos tales como "bolsa de papas".
Uno de los mecanismos de defensa, en este caso instrumentado al servicio del Yo, ha sido el de la disociación mente-cuerpo: "Yo sabía que el cuerpo me lo destruían pero a mí no me tenían". A veces los entrevistados hablaban de modo impersonal refiriéndose a su cuerpo. Ciertos procedimientos que tienden a la despersonalización, desde el momento mismo de detención o secuestro y que calificamos como parte de la tortura psicológica son equiparables a las actitudes presentes en instituciones manicomiales tales como:
1) Retiro de efectos personales y de la ropa, y sustitución por uniformes precarios.
2) Prohibición de visitas. Aislamiento de la familia y de cualquier vinculación afectiva previa.
3) No información de los motivos de estadía en el lugar, permanencia estimada en el mismo y destino futuro.
4) Sustitución del nombre por un número.
Pero la búsqueda de efectos de despersonalización es aun mayor: el desaparecido es una persona sometida a una deprivación sensorial y motriz generalizada (manos atadas, ojos vendados prohibición de hablar, limitación de todos los movimientos), en condiciones de alimentación e higiene subhumanas, sin contacto con el mundo exterior, que no sabe dónde está aunque a veces pueda adivinarlo, y que sabe que afuera no saben dónde está él, con absoluta incertidumbre sobre su futuro. "Nadie sabe que estás acá"; "Vos estás desaparecido"; "Vos no existís, no estás ni con los vivos ni con los muertos".
En el caso de los presos reconocidos se producían permanentes traslados con los ojos cerrados que terminan siempre en golpizas. La posibilidad de ser transformados en desaparecidos o ser torturados fuera de penal o en el calabozo de castigo estaba siempre presente (algunos de nuestros entrevistados pasaron por dicha situación).
Desde la perspectiva de Comprender la lucha d detenido por la preservación de su identidad, se puede comprender ciertas conductas cargadas de énfasis alrededor de temas secundarios en los que se juega esa situación: una secuestrada, en el momento en que informan que será liberada, discute intensamente por devolución de sus documentos y su cartera; otra exige una ficha para hablar por teléfono a su familia, que vive muy cerca del lugar en que es dejada.
Omnipotencia
Se presenta un modelo bipolar, a través de la lógica arcaica, omnipotencia-impotencia. Los torturadores y la estructura misma a la que responden pretenden crear efectos de impotencia física y psicológica en la víctima, presentándose ante ella como dueños absolutos del poder sobre los destinos de su vida e integridad y con supuestas garantías de impunidad.
Escarmiento e intimidación
Se tiende a reproducir en el sujeto el efecto de los castigos infantiles. Tal efecto de escarnio pretende alcanzar a aquellas personas que sin haber sido torturadas de manera directa conocen la existencia de la tortura, y el terror que ésta determina los lleva a grados diferentes de inhibición del pensamiento y la acción o a actuaciones.
Vicisitudes de la autoestima
Si bien consideramos la autoestima como un componente fundamental de la identidad del sujeto, nos referimos especialmente a ella en virtud de su gran incidencia en los relatos de nuestros entrevistados.
Entendemos por autoestima, en sentido amplio, a valoración que un sujeto posee de sí mismo; desde una, perspectiva psicoanalítica es un producto de la relación entre el Yo y el Ideal del Yo. Este está conformado de acuerdo con determinados valores a los que aspira cumplimentar el sujeto.
En el torturado se produce una confrontación entre la imagen que tenía de sí y la que surge de su comportamiento frente a una situación ante la cual, debe necesariamente responder. Este proceso es sumamente complejo ya que es necesario tener, en cuenta que en el carácter de las respuestas personales intervienen activamente factores ideológicos grupales e individuales.
Imbricadas con estos factores, las modalidades de reacción han sido diversas. La tortura es una experiencia que pone en movimiento todos los resortes yoicos, las ideas, y la capacidad defensiva de la víctima. Aquellas personas que han mantenido una actitud de no responder a los requerimientos de información a que se los sometía, han preservado en mejor medida su autoestima y se hallan en mejores condiciones de retomar su vinculación con el entorno sin necesidad de recurrir a actitudes de aislamiento o cambio de grupos de carácter amistoso, laboral o ideológico.
Estas personas mantienen o refuerzan la autoestima, ya que responden a su Ideal del Yo.
En algunos casos el Ideal del Yo no corresponde sólo a ciertos valores morales, y en consecuencia el mantenimiento de la autoestima no se correlaciona estrictamente con responder o no al objetivo de información buscado por los torturadores. A veces, a pesar de no haber hablado, la persona puede sentir que no estuvo a la altura de las circunstancias: "Yo era como un corderito"; "No tenía que haber aceptado la galletita". Otras, a pesar de haber brindado alguna información, tenían fijado su punto de derrumbe en cierto tipo de actitudes frente a los torturadores, por ejemplo no llorar.
En los sujetos en que queda afectada, de acuerdo con la conducta asumida, su relación con el Ideal del Yo, se producen colapsos narcisistas, con diversas manifestaciones clínicas, fundamentalmente depresiones, pérdida de confianza en sí mismo, angustia, etcétera, que pueden llegar hasta el intento de suicidio. En ciertos casos se producen, compensatoriamente cambios en el Ideal del Yo o en la relación con los meta ideales. Un procedimiento intencional frecuente es promover efectos de intensa desvalorización o denigración en los detenidos, creando situaciones grupales de rechazo entre sus compañeros a través de falsas imputaciones. Una joven que al ser detenida fue torturada varios días por distintos métodos recuerda como su experiencia más traumática el haber sido acusada de homosexualidad por sus guardias en el penal; poco después de haberse negado a firmar una declaración en la que renegaría de su ideología.
Angustia
En todas las personas entrevistadas hubo momentos de intensa angustia que podían frecuentemente operar como señal de alarma para la puesta en movimiento de los mecanismos defensivos.
Pero en algunas oportunidades el monto de estimulación producía fenómenos equivalentes a los que podemos definir como angustia automática.
La angustia automática es la reacción de un individuo que se encuentra en una situación traumática, es decir, sometido a una afluencia de excitaciones de origen externo o interno que no puede dominar. Este efecto es buscado por los torturadores, aunque al tener honda significación individual les resulta difícil de detectar, lo cual les impide utilizarla a su favor repetidamente.
La condición misma de desaparecido, el hecho de no ser llamados por el nombre durante largo tiempo, producen también angustia automática.
Comprensión intelectual
La comprensión intelectual de lo que está ocurriendo actúa como defensa, defensa entendida en sentido amplio, como acción protectora del Yo, y no como mecanismo de defensa. "La defensa intelectual mediante la comprensión era la seguridad más eficaz de que no se estaba indefenso del todo, y hasta se podía salvaguardar la a personalidad ante una amenaza crítica".
Esta defensa pone en juego varias capacidades yoicas tales como la capacidad sintética, la anticipatoria, la discriminación; todas ellas vinculadas con el universo simbólico.
La comprensión intelectual incluye el plano de la posición ideológica y de los valores generales que con esta se conectan, y favorece sustancialmente la posibilidad de no someterse a las exigencias de los torturadores.
"Me estaban destrozando el cuerpo, pero la cabeza me seguía funcionando, y aunque ellos no creían yo estaba pensando."
"Yo estaba dispuesta a no cantar. Ellos que hicieran lo que quisieran. El problema es si creés en tu propia explicación o en la que ellos te dan."
La comprensión intelectual favorece, además, tolerar en mejores condiciones períodos prolongados de detención.
Vinculado a esta actitud defensiva ubicamos el fenómeno de reconocimiento del lugar que cada uno ocupa en la situación de tortura, es decirla comprensión de que el acto de tortura corresponde a una situación social que determina su existencia y que las posiciones de torturado y torturador están determinadas por la inserción en dicho sistema en lugares bien definidos, no tratándose de un ejercicio individual de sadismo. "Uno es libre para elegir"; "No es por mí que me torturaron"; "Este método el torturador no lo lleva a cabo por lo que uno piensa sino porque está ahí, en ese lugar, en esa situación".
Intensificación de los sentimientos de pertenencia social
Durante la detención y tortura el incremento del sentimiento de pertenencia social esta al servicio de preservar al YO, teniendo en cuenta la situación de aislamiento real respecto del mundo exterior.
Preservación del enlace libidinal con el objeto
En la medida en que el sujeto comprende la situación en que se halla y reacciona frente a ella con un dispositivo protector adecuado, su interés objetal puede preservarse intacto. Simultáneamente el mantenimiento de este enlace libidinal refuerza sus posibilidades de defensa.
Mantenimiento de la dignidad personal
Esta actitud está relacionada con la preservación de la autoestima y con la comprensión intelectual.
Muchas detenidas, a pesar de saber que serán torturadas desnudas, se niegan a desvestirse o solicitan hacerlo sin la presenciado los torturadores.
Una secuestrada al ser nombrada como "Flaca", dice:"No soy flaca, soy abuela".
Un detenido afirma: "Lo peor fueron los cuatro días posteriores a la tortura atado sin comer ni tomar agua., Tenía la certeza de que me moriría de sed pero sabía que tenía que afirmarme en no pedir". Relata también que consideraba importante en esos días resolver cómo mantener la postura en la silla a la que estaba atado para no ensuciarse al hacer sus necesidades.
Secuelas
Hemos observado en todos los casos secuelas de la tortura. En algunas personas se generan síntomas de carácter estable, que no requieren estímulos específicos para su reproducción, por ejemplo frigidez, amenorrea o ansiedades de tipo fóbico o paranoide.
La presencia de situaciones que desencadenan neurosis traumáticas o equivalentes menores de las mismas es general.
La percepción de ruidos fuertes o simplemente de conversaciones en voz muy alta producen durante largo tiempo, en muchas personas, crisis intensas de angustia por hallarse esos estímulos asociados a gritos de torturados. Bocinas, silbatos de tren, sirenas, etcétera, producen efectos similares.
El encuentro callejero circunstancial con un torturador puede producir momentos de intensa angustia paralizante.
Una persona describe que se agita intensamente cada vez que escucha pasos cerca de su departamento, sintiendo "Me vienen a buscar".
Un ex detenido relata que necesita tomar mucha agua y no tolera la idea de no tener agua y pan disponibles, vinculado a la situación de tortura y detención prolongada.
Por último, resulta interesante señalar que casi todos los entrevistados sostienen que la tortura es una experiencia de carácter personal tan intensa que no suelen hablar de ella en su vida cotidiana.
Con sorpresa, supimos que algunas personas hablaban ampliamente de este tema por primera vez durante nuestras entrevistas. Este hecho determinó el establecimiento, en muchos casos, de un cargado vínculo transferencias, que fue necesario tener en cuenta en el momento de la separación.
Octubre de 1983