ACERCA DEL LUGAR DE LAS MADRES DE PLAZA DE MAYO

 

Licenciada Raquel C Bozzolo

 

 

En la presente comunicación intento llamar la atención sobre el lugar que sectores de la comunidad argentina otorgan a las Madres de Plaza de Mayo, tomadas éstas como figuras representativas del Movimiento de Derechos Humanos y de la resistencia activa a la dictadura militar.

En las diferentes posiciones en que nuestra comunidad coloca a las Madres están implícitas no sólo una concepción política e ideológica, sino también una concepción acerca de la salud mental.

Estas diferentes posiciones tienen y tendrán una repercusión importante para los argentinos y para sus acciones futuras.  De allí la importancia de no caer en generalizaciones superficiales que a la larga no ayudarán a desarrollar en un sentido positivo la lucha de nuestro pueblo ni la ciencia psicológica.

 

La psiquiatrización

 

En el apelativo de "locas"'que la dictadura les endilgó a las Madres estaban expresadas diferentes situaciones.

Por un lado se pretendía colocar a los disidentes sociales el lugar del desequilibrio psíquico, invalidando de hecho opiniones y acciones en el plano político. Estaba implícita aquí una vieja y nunca desterrada concepción de la salud mental como "adaptación social" que aun hoy, se expresa en comentarios tales como "Y bueno, pobres, con lo que han pasado, me imagino que necesitan mucha ayuda psicológica"; "Yo las veo a veces en los diarios, pobres, tan nerviosas..."

Lo que en un momento fue locura, ahora, caída la dictadura, y con el reconocimiento social que las Madres obtuvieron, puede transformarse en cierta "perturbación nerviosa" que les hace seguir y seguir sin abandonar la lucha contra la injusticia, como deberían hacer adaptándose a las nuevas situaciones.

Aun sin ninguna intención descalificatoria, desde posiciones de simpatía por el Movimiento de Derechos Humanos, puede concluirse con la posición anterior cuando en un intento de enfatizar la, denuncia del horror represivo se subrayan los daños psíquicos infligidos a los familiares de desaparecidos o a las demás víctimas de la represión, sin discriminar qué respuestas por parte de los familiares fueron efecto de su situación de víctimas y qué conductas fueron las que les permitieron salvaguardar su integridad psíquica.

Los profesionales que hemos trabajado cerca de estas personas muchas veces hemos hallado preservado lo que esperábamos encontrar dañado.  En otras ocasiones encontramos incluso un nuevo desarrollo psíquico basado en nuevas identificaciones que fortalecieron y desarrollaron el Yo de las supuestamente "más dañadas" víctimas de la represión. Me estoy refiriendo siempre a aquellos familiares o víctimas directas que resistieron en forma activa organizándose colectivamente, ya que puede haber otras respuestas y formas de preservación no estudiadas suficientemente.

 

 

La mitificación

 

Ahora bien, la simplificación y el error pueden no provenir solamente de la posición anteriormente descrita.  Hay otro lugar en el que la comunidad suele colocar a las Madres ( y con ellas, a quienes sobrevivieron íntegros psíquica e ideológicamente a las torturas y a la reclusión en campos de concentración)

Me refiero al lugar de "santas” o de seres casi fuera de lo terrenal, con que algunas personas se refieren a las Madres.

"Yo no me animo a ir a la Casa de las Madres, ¿qué les puedo decir?"; "Cada vez que paso por la Plaza de Máyo y las veo me quedo quieta, pero no me puedo acercar".  "'Son unas santas, son nuestro reaseguro y el de nuestros hijos"; son frases escuchadas a diferentes personas que con una actitud de simpatía manifiestan un respeto y veneración extrema que les imposibilita entender a las Madres de Plaza de Mayo como parte de nuestra comunidad, y, por lo tanto, con actitudes posibles para muchos de nosotros.

Así con la "locura" atribuida por la dictadura a quien se animaba a resistir procuraba escindir a las Madres del resto del pueblo que para no ser loco tenía que someterse, estas santificaciones son más bien esta actitud mitificadora  vuelve a introducir una fractura en el seno de nuestra sociedad.  Decimos una fractura y no una diferenciación ya que ésta es imprescindible para discriminar y estudiar las diferentes respuestas y los procesos que posiblemente las motivaron.

Tal escisión tiene consecuencias en el nivel político al restar fuerzas que podrían unirse al Movimiento de Derechos Humanos; pero además, al igual que otras fracturas en nuestra sociedad, nos lleva por un carril peligroso de la conceptualización en salud mental: el viejo camino que remite a esencias o naturaleza que al ser definitivas y absolutas no permiten la transformación y el aprendizaje.

Nuestra tarea como profesionales de la salud puede ser de enorme utilidad si se siguen estudiando los procesos psicológicos e ideológicos que transformaron a este grupo de mujeres madres, la mayoría amas de casa, en líderes de la causa de los derechos humanos, permitiéndoles esta actividad colectiva un desarrollo psíquico hasta ese momento impensado.

Hemos encontrado que al estudiar los procesos concretos se nos diluyen otras escisiones tales como psicología ideología  y se nos toman cuestionables concepciones teóricas y técnicas de nuestra formación como psicólogos, a la vez que rescatamos y  calificamos otras. El problema de los desaparecidos y de las víctimas de la represión no, ha sido cancelado en ningún plano.  Como profesionales tenemos también un rol en el procesamiento que de este tema haga nuestra comunidad.  Estudiar estas cuestiones es una importante y específica forma de colaborar para que se haga justicia y no se repita el horror.

 

Mayo de 1984