REPRESION POLÍTICA Y ANALISIS INSTITUCIONAL
Licenciado Osvaldo Bonano
"La dimensión de lo traumático en el Marco de la represi6n política establece parámetros inéditos para la patología observada y para la psicoterapia.”
Grupo Chileno de Salud Mental
Los procesos de represión política que recorren los países de nuestra Latinoamérica oligárquica y dependiente, si bien no son inéditos, han llegado, en particular con el método de la desaparición forzada, a niveles de conmoción tan profundos que sitúan a los profesionales y científicos ante una crisis tal que exige alteraciones sustanciales en las teorías y las prácticas.
En una concepción macro social es innegable la trascendencia que tuvo, tiene y seguirá teniendo la cuestión de los Derechos Humanos en la salud mental de la población, puesto que en todo este período se produjeron modificaciones profundas en los sistemas sociales de representación. Han sido puestos en cuestión los fundamentos mismos de la organización social. Crisis en las instituciones y movimientos abiertos en la dialéctica de lo instituido y lo instituyente.
Del lado del poder dictatorial, el terror fue instrumento articulado con la persuasión para generar productivamente normas no escritas de lo normal y lo patológico. En la sociedad fascista lo antisocial, lo patológico, son el pensamiento disidente, los vínculos solidarios, la acción social y el protagonismo colectivo. Pero del lado de la resistencia popular se fue generando, en una tarea permanentemente inacabada y que hoy está en pleno desarrollo, una productividad también específica. Así se fue instituyendo la denuncia ante el silencio, la identificación solidaria ante la soledad, el reclamo de justicia, ante la inducción culpabilizante, la memoria ante el olvido, la acción ante la parálisis, la rabia ante el miedo, el pensamiento y la organización ante el sometimiento y la dispersión.
Hoy se dan ciertas condiciones especiales para que se haga posible y ante todo necesario que aquella conmoción social produzca alteraciones sustanciales en el campo teórico psicológico. Esta necesidad se incremento si tomamos en cuenta la actual exigencia de transformación del aparato de salud mental, entendido éste no sólo en su estructura material o morfológica más evidente, sino en cuanto a todo lo que se halla instituido como respuestas socialmente organizadas a las situaciones de afectación psicológica de la población. La cuestión de los Derechos Humanos puede aportar algunos índices esenciales, conceptuales y prácticos para esa transformación.
Cabe subrayar que una de las formas principales con las cuales se pretende neutralizar el tema y cancelar sus potencialidades de denuncia y de interpelación crítica a los sistemas teórico-ideológicos consiste precisamente en la psiquiatrización de la cuestión. El mote original de "locas" se ubicó en el centro de ese dispositivo.
Cabría agregar que la psicoanalitización podría ocupar el lugar de relevo prestigioso ante una psiquiatrización demasiado grosera.
Nuestra propuesta consiste en sostener que la cuestión Derechos Humanos se ha constituido en un analizador gigantesco de los rasgos más profundos de la sociedad argentina y que, en particular, la experiencia y la orientación de Madres de Plaza de Mayo es ejemplo de
una acción y sobre todo de una posición en las articulaciones sociales que brinda claves esenciales para todo planteo que se ubique en la perspectiva de un análisis crítico. Este analizador privilegiado debe servir también para someter a análisis a la psiquiatría y al psicoanálisis, tomados en este caso como instituciones.
Proponemos entonces, como se ve, una suerte de inversión de perspectiva. No se tratará de analizar la experiencia de los afectados por la represión política con las categorías de la psiquiatría y el psicoanálisis tomadas en su positividad simple. Por el contrario, se tratará de analizar las instituciones del aparato de salud mental (entendido en el sentido apuntado más arriba) a partir de la experiencia original y profunda de los afectados por la represión y desde los planteos que progresivamente se van definiendo en los equipos que trabajan con las organizaciones de derechos humanos.
En esta perspectiva las categorías o sistemas de referencia teóricos que vamos a utilizar van a ser de modo dominante, aunque no excluyente, los pertinentes al análisis institucional. Lo cual, desde luego no implica rehuir la implementación y puesta a prueba de categorías psicoanalíticas, entre otras, sino más bien ponerlas a trabajar en controversia dialéctica desde el analizador que privilegiamos.
Análisis, analistas, analizadores
"Las personas que desaparecieron tienen hijos y el problema de sus hijos va, a ser transmitido en la próxima generación y en la otra. Es toda una situación conflictiva para muchas generaciones (…)” "Eso es lo que tiene que interesar a ustedes, que son psicólogos”
Madres de Plaza de Mayo
Si hay algo que puede mostrar esta dialéctica en toda su dimensión, es el: trastrocamiento semántico que sufrió la denominación de "las locas de Plaza de Mayo".
En el dispositivo, estratégico montado por la dictadura sólo los locos podían proponer para la cuestión de los desaparecidos "Aparición con, vida y castigo a los culpables." Pero aquello que se pretendió y aún hoy se pretende, que era índice de desvarío, alejamiento radical de lo real (y no sólo desde los sectores abiertamente pro dictatoriales) se transformó por un lado en la consigna que hegemonizó la lucha por los derechos humanos, y por el otro en la posición que más profunda y esencialmente analiza lo real.
Los términos que elegimos no son accidentales, puesto que efectivamente se trata de análisis. Hay un no-dicho que requiere de analizadores para salir a luz y poder ser elaborado. Pero entonces, ¿este análisis requiere analistas? Puesto que si de análisis se trata, la interpelación social ya tiene propuestos los lugares y las tareas de la psiquiatría, la psicoterapia y hasta del psicoanálisis para hacerse cargo, ¿Pero hacerse cargo de qué?
¿Se trata de analizar las "perturbaciones emocionales", las "secuelas" 'que en las madres y los familiares ha producido la desaparición del hijo, el esposo, el padre? Y, si de este análisis se tratare, ¿cuáles son el aparato conceptual y las herramientas técnicas aptas?
Estas interrogaciones que no son desde luego un entretenimiento teoricista, abren una dimensión, que si no fuera por los movimientos recurrentes de nuestra historia, podría parecer inédita. No es la primera vez que los trabajadores de la salud mental nos cuestionamos la articulación de nuestras prácticas y la índole de nuestro saber. Hace una docena de años, en un período de conmociones también profundas, el aldabonazo que llegó de Córdoba en 1969 sacudió la modorra de los consultorios, según confesaron los propios protagonistas. Es así que se abrió aquella crisis en el psicoanálisis, que, al ser éste la teoría y la práctica hegemónicas en la psicoterapia de nuestro país, conllevó la expectativa de una ciencia nueva, o al menos profundamente renovada. Las propuestas inaugurales, de aquella crisis apuntaban a estudiar la inserción de la práctica profesional en la estructura socioeconómica, a sostener una concepción del conocimiento como labor transformadora de la realidad y a convertir la propia práctica profesional y científica en lugar de cuestionamiento.
Aun hoy ese programa y esas propuestas esperan su cumplimiento. Pero sucede que, cuando se toca fondo, surgen condiciones para que nunca nada vuelva a ser igual. Empero, las interrogaciones de nuestro presente de las que hablábamos no se encuentran simplemente suspendidas, aunque no se ha llegado aún a un sistema suficiente de respuestas. Se hallan en pleno curso de desarrollo un conjunto de prácticas y reflexiones conceptuales situadas ante la conmoción que nos atraviesa. Esta tarea en curso, necesariamente colectiva y pública, es el marco en el que se inscribe este artículo.
En este punto es necesario que perfilemos las connotaciones con las que utilizamos tres conceptos centrales en nuestro análisis.
En cuanto al concepto de INSTITUCION, es obvio que no nos reducimos a su connotación meramente morfológica (un hospital, una escuela); sobre todo lo entenderemos en la dialéctica de lo instituido / lo instituyente. Esto es: no sólo la cosa establecida, las normas vigentes, sino la actividad de los actores sociales, por la cual se funda, se crea, se rompe un orden antiguo para crear uno nuevo. Insistimos: se trata de la necesaria interiorización de las normas por los individuos y también de la, iniciativa instituyente de los individuos y grupos sociales para discutir e imponer normas. Se tratará entonces de poner en evidencia las relaciones entre la racionalidad establecida (formas sociales, códigos) y los acontecimientos, movimientos sociales que se apoyan explícita o implícitamente en la racionalidad establecida y/o la cuestionan.
En cuanto al término ANALIZADOR, en su analogía con "análisis" es aquello que revela los rasgos más profundos, ocultos, lo no-dicho de una situación. Es, aquello que permite revelar la estructura de la institución, provocarla, obligarla a hablar. Es un dispositivo colectivo y no la función de una persona. A diferencia del dispositivo analítico clásico, no necesariamente es una situación construida, o artificial, ya que perfectamente puede ser una situación natural. En este sentido la cuestión Derechos Humanos es un analizador natural Por lo demás la función interpretante, develadora de lo no-dicho se encuentra en manos de todos los protagonistas de la experiencia y sólo eventualmente en mano del "especialista". En tal sentido implica un desapoderamiento del lugar escindido del técnico.
Por último entenderemos por IMPLICACION INSTITUCIONAL al conjunto de las relaciones, conscientes o no, que existen entre el actor y el sistema institucional. Así como el sistema de referencia del psicoanálisis el aparato psíquico, el sistema de referencia del análisis institucional es el "aparato" de las instituciones, entendidas éstas en el sentido antes apuntado.
Elaboración psíquica e implicación institucional
"El papel del analizador... parece consistir en sacar a luz tales situaciones y llevar al conjunto del grupo a no poder zafarse demasiado fácilmente de su verdad".
Félix Guattari
La hipótesis central que nos proponemos poner a prueba, y desde ella realizar una revisión de las experiencias actualmente en curso, es la siguiente: no es posible rendir cuenta de los procesos de elaboración psíquica de los afectados directos por la represión política y en general de los efectos sobre el conjunto de la población, si sólo se toma como sistema de referencia teórico la teoría del aparato psíquico desde el concepto de estructura libidinal, escindido del análisis de las aplicaciones institucionales.
Sin pretender realizar el análisis de esta cuestión en todas sus dimensiones, cosa que probablemente lleve los esfuerzos de toda una generación, me limitaré a indicar algunos nudos que me parecen particularmente relevantes. ¿Qué es lo que le permite al Equipo de Asistencia Psicológica de Madres de Plaza de Mayo (E.A.P.) afirmar lo siguiente: “A pesar de lo traumático del proceso que vivieron, la integridad Psíquica de las, Madres quedó bastante indemne. Eso fue Posible porque ellas se conformaron como un grupo que resistió al mandato de silencio"?
Si se quiere rendir cuenta del proceso de elaboración por el que los afectados por la represión conservaron, incrementaron 'o reconstruyeron su integridad psíquica, es completamente necesario incluir en el análisis las implicaciones institucionales. Lo es, asimismo, para comprender las oscilaciones de la sintomatología a lo largo de diferentes momentos y sobre todo para situar la colaboración Profesional de un modo sustancialmente distinto de lo tradicional. Señalaremos tres aspectos, tratando de que sea la palabra de los protagonistas lo que de cuenta de la cuestión:
Sostener la posición de "Aparición con vida" no fue (no es) producto de una negación o una perturbación del juicio de realidad. Por el contrario se trata de la pugna por definir quién instituye cuál es la realidad. Se sabe: la última maniobra de la dictadura fue la promulgación de la ley de auto amnistía, con la cual, se pretendió cerrar "definitivamente"' el tema. Ante eso, y ante todas las maniobras anteriores, fue que se alzó la consigna. Dicen las Madres:
"Mi hijo, como todos los desaparecidos es honesto al máximo; y digo es porque ellos están. Sus ideales eran realmente de solidaridad con el pueblo", "...por eso la defensa de la vida por ustedes, por todos los hijos que tenemos, por nuestros nietos..." "Lo hacemos en defensa de nuestros hijos que son todos, los nietos, los que caminan hoy, los que se llevaron ayer, ya son todos."
Dice el E.A.P. "Subyace un reclamo por la defensa del derecho a la vida. Pasar de la vida o muerte real de cada persona en Particular, a la defensa y la preservación de la vida".
Dar por muerto a los desaparecídos, e iniciar desde allí el duelo por el ser perdido, hubiera implicado por lo tanto aceptar la definición de la realidad que pretendía el Poder, cancelando así una contradicción que requiere permanecer abierta justamente para posibilitar la elaboración. Esta contradicción sólo se resolverá cuando se haga justicia, es decir, cuando se halle y castigue al desaparecedor, y se desarticule el sistema que posibilitó que esto sucediera.
Pero ello, claro está, implica ir asumiendo posiciones instituyentes ante el resto de las instituciones sociales: el orden jurídico, los contenidos y formas de la democracia, las posiciones de los partidos políticos, la Iglesia, las direcciones de los gremios. Dicen las Madres: “Queremos la democracia plena y total, pero el camino a la democracia sobre 30.000 desaparecidos o más, no va a ser legítimo." "No podemos permitir que se negocie o se quiera tapar el drama más grande que se vive en la República Argentina." "Si imponemos la justicia ejemplarizadora como estamos pidiendo, que no queden en la impunidad estos crímenes que se han cometido, vamos a lograr transitar el camino a la democracia como tiene que ser." "Nosotras somos hijas de nuestros hijos porque ellos nos enseñaron que no se puede claudicar." "La justicia ordinaria lo único que daría es la impunidad total a los crímenes cometidos." "El Congreso, ante los hechos que no se pueden ocultar, tiene que tomar la determinación de hacer, como pide la Constitución, juicios por jurado"; "Pedirnos que se juzgue como crimen contra la humanidad, imprescriptible e inamnistiable".
Y ante las objeciones que se les levanta con respecto a lo que las leyes no posibilitarían, llegaron tranquilamente a sostener que en tal caso las leyes debían ser reformadas, o creadas otras, marcando así que su posición instituyente no se detenía ante lo instituido que se pretende santificar como verdad eterna, "natural" e, intocable. Es conveniente dejar claro que no se trata de posiciones solamente políticas, que nada tendrían que ver con nuestro tema. Estas definiciones, propias del plano de las representaciones sociales, son factores intrínsecos al proceso de elaboración psíquica, puesto que marcan transformaciones en relación con el sistema del Ideal del Yo. Se sabe que ésta es la articulación que permite que no se vuelva a escamotear la dimensión institucional propia de todo proceso psíquico, en tanto la separación entre el Yo y el Ideal se halla presente tanto en la estructura psíquica como en la estructura de las relaciones sociales. Dice al respecto el E.A.P.:
"Esa cuestión se conecta directamente con el papel de la Justicia." "Es un pasaje de los afectos más inmediatos, cercanos e individuales, a otros de orden social y jurídico compartidos por todos. Si hay justicia ese ideal puede sostenerse. Y el establecimiento de ideales de justicia hace a la preservación de la salud mental de todos los argentinos."
Ese pasaje, en verdad es doble: de lo individual a lo colectivo y de lo privado a lo público. Esto a su vez, supone un complejo proceso de cuestionamiento y transformación de los roles personales y familiares ideológicamente dominantes.
"El miedo ese, como ama de casa, como una persona que vivía en un ambiente patriarcal... Los hijos iban creciendo y uno les decía: no te metás; no porque no sintamos adentro respeto y solidaridad hacia el pueblo sino por miedo y falta de información total." "La lucha: fue de la madre, de la madre total. Dejó su casa, abandonó sus tareas, sus ideas de limpieza y de adornitos, y dejó todo de lado para buscar a ese hijo." "Nunca más el no te metás”. Nos han tenido muchos años sin dejarnos hacer política porque decían que el pueblo no esta preparado.
Esta dimensión de inclusión en lo colectivo lleva a aprender a luchar por todos:
“Todas las madres trabajamos, pedimos, luchamos por todos los hijos. Todos son nuestros hijos." "Ya ninguna madre sale a pedir sólo por su hijo."
A la vez, la cosa dejó de ser el drama privado que requiere de la intimidad bi-personal para ser elaborado. Por eso son Madres de la Plaza de la plaza pública:
“Ahí estamos de la mano de nuestros hijos es como un encuentro con ellos, es como una sensación de justicia total." "Cada entrada en la Plaza de Mayo cada jueves, es como un reencuentro con nuestros hijos nadie se imagina. Cada amigo que nos tiende la mano nos agarra fuerte y no nos dice nada en la Plaza es un apretón de mano a nuestros hijos."
Situado el campo de lo colectivo y lo público con ámbito de elaboración privilegiado, se propone de otro modo la cuestión de la "patología":
"Claro que hay madres que no han recuperado potencial de lucha y que se han venido abajo con la desaparición del hijo y han necesitado un apoyo. Inclusive hay madres que por no ir a la Plaza de Mayo o por venir a trabajar con nosotras se sienten muy mal el día de hoy."
Implicación institucional, contra transferencia
y análisis de la demanda
"Consideramos que los profesionales de la salud mental se encuentran hoy abocados al estudio de los hechos psico-sociales que permitieron el desarrollo de tan gravísimos delitos, tomando y haciendo tomar conciencia a la población. Pedimos a los psicólogos una interpretación que se manifieste solidaria con la búsqueda de justicia, único camino de lograr la defensa del sagrado derecho a la vida. El dolor de nuestros hijos lo padecemos en lo personal, pero como Institución no podemos admitir que se pretenda hacemos sentir como entidad psicopatológica ni demandante de subsidio económico."
Carta de Madres de Plaza de Mayo a una asamblea de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires
Si revisamos la tarea realizada en los grupos de orientación, podemos apreciar las siguientes definiciones, conceptualizadas por el E.A.P. se trata de grupos cuya forma de abordar su problema ha sido apoyarse mutuamente, tomando una posición activa ante el hecho traumático, nucleados en organismos de derechos humanos con el objetivo de afrontar la búsqueda de sus familiares y exigir la aplicación de justicia. No se trata de gente que se autodefina como enferma, sino que se trata de personas que atraviesan por una situación de emergencia social. Los grupos de orientación no son grupos terapéuticos y sus miembros no son pacientes. Se los concibe como una experiencia fundamentalmente de autogestión en la cual es el mismo grupo el que propone los psicoterapeutas dan su aporte técnico; pero es desde los mismos miembros del grupo de donde proviene el aporte fundamental. El ámbito de trabajo son las propias sedes de los organismos de derechos humanos. Es el mismo grupo, la propia institución la que toma en sus manos la tarea. La colaboración técnica es una parte de la tarea; la otra parte está dada por las condiciones institucionales y el protagonismo de la misma gente.
Se advierte aquí una alteración profunda que por otra parte es típica de toda acción específica de psicología social en torno al rol del técnico, que cuestiona ese rol tal como es definido por la ideología dominante, y redefine su lugar. No se definirá entonces como el que está, allí para hacerse cargo de una demanda social de marginación, de represión de los desvíos de la imaginación, de normalización de los desvíos libidinales. Se ubicará, por el contrario, en una posición tal que al admitir el potencial de acción instituyente del grupo con el que trabaja, su tarea será cooperar en una marcha cuyos actores principales, en el sentido estricto de ser los portadores de las interpretaciones, de ser los protagonistas del análisis, son los propios integrantes de esos grupos. Esa posición implica una ruptura profunda con el esquema organizacional impuesto por el positivismo y la ideología médica de la delegación total de la gestión de la salud en el profesional.
¿Cuál es el marco institucional desde el cual los equipos de asistencia realizan su tarea y cuáles serían las repercusiones teóricas de esta cuestión? Los integrantes del E.A.P. subrayan que su tarea se realiza en condiciones no habituales, en tanto comparten con los familiares momentos, ámbitos y tareas que definen como “extra asistenciales”, y cuya finalidad no es la resolución psicológica sino la lucha por la aparición con vida de sus familiares y el imperio de justicia sobre los responsables de sus desapariciones. Como se ve, los colegas se definen comprometidos de un modo explícito con los objetivos e ideología generales del movimiento. Por lo demás, la situación represiva, en tanto situación comunitaria, atraviesa a los terapeutas en todas sus aplicaciones. Pero los colegas señalan que el compromiso inicial con la lucha de los familiares fue una condición básica para el posterior accionar terapéutico, ya que ha permitido que sean depósito de la confianza imprescindible para esa difícil tarea.
Esta breve descripción muestra de un modo innegable que la implicación del terapeuta es distinta de lo que prescriben las nociones clásicas abstinencia y neutralidad, al punto tal que una posición ortodoxa, o bien invalidaría necesariamente el de colaboración profesional organizado, o bien lo disminuiría como algo acaso válido en su dimensión solidaria y "comprometida", pero no en su rigor y valor científico. La situación límite que nos involucro a todos quizás permita hoy realizar el cuestionamiento teórico de la relación analítica definida sólo por determinaciones abstractas: el deseo de análisis y el deseo de analizar, con su corolario de que toda otra determinación que se proponga para tomarla más concreta es rápidamente anatematizada como "contaminación". El operativo teórico por el cual se pretendió y se pretende mantener las manos puras ha consistido, justamente, en expulsar del campo de análisis todo lo que fueran las aplicaciones institucionales de los protagonistas de la relación terapéutica analítica o como se la llame.
La teoría de los efectos del inconsciente que pone entre paréntesis la cuestión de las finalidades sociopolíticas es una abstracción defendible dentro de límites muy precisos y bastante estrechos. Cuando el proceso del que se pretende dar cuenta hace estallar esos límites, es conveniente disponer de un aparato de conceptos que no conduzca a una distorsión grosera de las determinaciones reales del campo. En tal sentido las definiciones sociopolíticas de los terapeutas constituyen la respuesta lúcida al análisis de su contratransferencia institucional, definida ésta como respuesta global a la demanda tomada en su totalidad social. En el análisis de la demanda social, lo que analiza el campo delimitado por la demanda del cliente y por los conceptos del analista, no es una palabra aislada, científicamente legitimada por el saber y los títulos. Es, en primer término, la dilucidación de las relaciones establecidas entre los clientes y sus respectivas instituciones, entre los clientes y el analista y, por último, entre el analista y las instituciones.
De modo que estas definiciones explícitas de los equipos de asistencia con relación a sus implicaciones institucionales no merecen ser conceptualizadas como desviación o deterioro de las condiciones necesarias para la construcción de una tarea rigurosa. Por el contrario, son la condición teórica para que el rigor no sea escamoteo y el deseo de analizar no sea contraseña de una renegación en acto de las contradicciones que toda práctica socialmente articulado supone.
Cabe señalar, por último, que aunque no siempre sea visible, toda acción profesional se realiza desde una institución. Tal vez la tarea de los equipos no se haya realizado desde el aparato de salud mental, ni desde la psicoterapia, ni tan siquiera desde el psicoanálisis, si hablamos de instituciones. Acaso fue por eso que toda vez que comentaban su tarea en el "ambiente” inmediatamente les hayan invadido sensaciones de extranjería y exclusión, quizá porque la tarea psicológica por los derechos humanos fue extranjera y excluida durante mucho tiempo.
¿Podríamos decir que, en verdad, la tarea fue realizada desde una singular institución que llamaremos la solidaridad popular?
Mayo de 1984