ACERCA DE LA EXPERIENCIA DE LOS GRUPOS
DE ORIENTACION CON FAMILIARES
DE DESAPARECIDOS
Doctora Diana R. Kordon
Doctora Lucila I Edelman
Doctor Darío M. Lagos
El objetivo de este trabajo es efectuar el análisis de una experiencia que estamos desarrollando con familiares de desaparecidos; se trata de una actividad que denominamos Grupos de Orientación.
Los familiares de los desaparecidos son personas afectadas en forma directa por la represión. Constituyen un grupo social que, ha sido víctima de una situación que tiene diferentes aspectos, políticos, sociales y, entre otros, los de orden psicológico.
Sus hijos, esposos, padres, hermanos, han sido secuestrados violentamente, a veces en su presencia, siendo en muchos casos ellos mismos maltratados directamente. El paradero del secuestrado se desconoce.
Los familiares han buscado una forma de abordar su problema, la de apoyarse mutuamente y, tomando una posición activa frente al hecho traumático, se han nucleado en organismos de derechos humanos, con el objetivo de afrontar la búsqueda de sus familiares desaparecidos y exigir que se aplique la justicia. Han desarrollado una forma, de respuesta social frente a la represión.
Son personas que atraviesan por una situación de emergencia social que les exige reajustes complejos en su vida. Por lo tanto, no se trata de gente que se autodefine como enferma, nosotros tampoco la definimos así, ni sostenemos que por el hecho de estar afectados, por esta situación tendrían que acceder a un tratamiento psicoterapéutico.
Es desde este enfoque del fenómeno que hemos planteado la realización de los Grupos de Orientación.
Los concebimos como una experiencia fundamentalmente de autogestión, en la cual es el mismo grupo el que propone una tarea, y nosotros; como psicoterapeutas, como técnicos, hacemos nuestro aporte; pero el aporte fundamental proviene de los mismos miembros del Grupo. Así, éstos no son grupos terapéuticos en el sentido tradicional y sus miembros no son pacientes.
Pudimos observar que los familiares encontraban un lugar natural para poder hablar de sus problemas, de sus dificultades, en las reuniones que hacían para tratar temas que tenían que ver con el Movimiento, o bien tenían conversaciones en los lugares naturales de funcionamiento. A partir de esta observación y de nuestro enfoque que, reiteramos, ubica a estas personas como víctimas de la represión dictatorial y por lo tanto, en una situación de emergencia social, y no, como enfermos, concebimos como lugares de trabajo aquellos en los que que actúa, es decir, los lugares habituales de reunión de las Madres, esposos, etcétera, y no los consultorios privados. Al mismo tiempo esto permitió un acceso rápido e inmediato, es decir, que no estamos yendo a buscar "pacientes" sino que es él mismo grupo, la propia institución, la que toma en sus manos la tarea. Desde este momento nuestra colaboración técnica es una parte de la tarea, la otra parte está constituida por las condiciones institucionales y la participación de la misma gente. La experiencia de estos grupos la hemos desarrollado en Madres de Plaza de Mayo de Buenos Aires, La Plata y Quilmes en Madres y Familiares de Detenidos- Desaparecidos de Mar del Plata.
Los grupos son abiertos, sin concurrencia obligatoria, con la coordinación de uno o dos profesionales. A veces, sobre todo en las primeras reuniones el coordinador efectúa una pequeña introducción temática, pero básicamente se trata de hablar de problemas que los mismos familiares plantean en la reunión. El número de participantes no es limitado; hasta la fecha ha oscilado, entre 15 y 80 personas. La reunión grupal dura dos y tres horas, tiempo que estimamos suficiente para que sea posible el intercambio y que, al mismo tiempo permite evitar una excesiva carga emocional de los participantes.
Los problemas fundamentales que se discuten giran alrededor del manejo de la información en relación con los hijos de los desaparecidos y con, otros niños de la. familia; de las situaciones de crisis en los núcleos familiares, a, partir de las diversas modalidades de reacción asumidas por sus miembros frente a la desaparición misma y frente a las campañas de acción psicológica de la dictadura; de las modificaciones en la estructura de roles del grupo familiar por la intensa actividad desarrollada por las madres en la búsqueda de los hijos; de las relaciones entre la madre y la esposa del desaparecido; de los problemas vinculados con el manejo de la hostilidad, y de las implicancias de la actitud de dar por muerto al desaparecido o de reconocer su status como tal.
Además de éstos temas fundamentales, que sin ninguna excepción han estado presentes en todos los grupos que hemos coordinado, se discuten eventualmente problemas específicos y, a veces, el impacto emocional que producen ciertas situaciones coyunturales, por ejemplo, la publicación del Documento Final sobre los desaparecidos, o la sanción de la Ley de Amnistía, decretados por la Junta Militar.
La discusión de estos temas nunca es general, se desarrolla sobre la base del intercambio de experiencias personales de los participantes del grupo.
Tomaremos dos ejemplos de secuencias para, a partir de ellos, conceptualizar los procesos grupales.
Ejemplo 1: En una reunión de grupo, Evelina una, mujer de aproximadamente 48 años, manifiesta que a pesar de haberse tratado analíticamente varios años y de haberle sido muy útil su terapia en muchos aspectos (lo cual es evidente por el conjunto de su participación), tiene sentimientos de culpa muy penosos en relación con su hijo desaparecido, que se- presentan continuamente, acompañados de la imagen suplicante del hijo en el momento, de ser secuestrado y del recuerdo de haber quedado ella misma paralizada por la angustia, sin efectuar ningún tipo de acción en ese momento. Expresa que la actitud suplicante de su hijo la acompaña, continuamente y la inunda de culpa.
.Florencia otra integrante del grupo dice, que en realidad Evelina tiene que aceptar, que no hubiera podido evitar la situación y, a título de ejemplo, dice que ella misma, cuando fueron a buscar a su hijo, ofreció una tenaz resistencia, y hasta consiguió que no lo sacaran esposado de la casa; sin embargo, el hijo nunca volvió.
En la reunión siguiente, Evelina plantea, muy conmovida, que desde la reunión anterior por primera vez se había sentido muy aliviada respecto del problema comentado. Carmela dice entonces que, ella se había replanteado culposamente por qué le había sugerido a su hija que se fuera del país, sin comprender suficientemente las motivaciones que hicieron que se quedara. Florencia interviene inmediatamente y dice que llora todas las noches. En tono quebrado por la emoción relata que ella, desconociendo la situación represiva real, se había opuesto a que su hijo se fuera, argumentando que eran una familia muy unida y que teniendo en cuenta qué él, no había hecho nada malo, si le pasaba algo, le iba a pasar, a toda la familia, porque ellos lo iban a proteger. Se producen varios comentarios e interviene la coordinadora, planteando dos problemas emergentes de esta situación:
a) La idea frecuente en toda situación de pérdida de que, frente a lo ocurrido se tendría que haber hecho lo opuesto de lo que se hizo, plasmada en estas dos madres que se culpan a sí mismas de actitudes exactamente opuestas.
b) La idea omnipotente de que, si se hubiera hecho precisamente lo contrario de lo que se hizo, se podría haber evitado la desaparición. Se coteja esta fantasía mágica, omnipotente, con el sentido de realidad, mediatizado éste por las intervenciones de los otros miembros del grupo.
Esta secuencia pone en evidencia algunas características del proceso grupal: circula la información, se producen fenómenos de catarsis, se comparte empáticamente, se confrontan modelos operacionales y aparecen sentimientos encontrados frente a estímulos semejantes. A partir del material verbal se presenta una contradicción, que a través de la autorregulación grupal y la circulación de la función terapéutica tiende, a resolverse. La movilidad de roles determina precisamente esta circulación de la función terapéutica.
En el ejemplo precedente, se puede observar cómo Florencia, que en la primera reunión, reforzada en su autoestima, actúa en un rol terapéutico en relación con Evelina, en la reunión siguiente puede disminuir sus mecanismos defensivos y mostrar sus dolorosos sentimientos de culpa frente al hijo. La intervención de la coordinadora explicita verbalmente, las ideas dramatizadas en la dinámica grupal y ayuda a la mejor comprensión por todos los miembros del grupo.
Ejemplo 2: María tiene un hijo y una nuera desaparecidos. Pertenece a una .familia de capa media alta. En varias reuniones plantea las vicisitudes de su relación con un hermano mayor al que era, muy apegada. Se muestra muy angustiada por el distanciamiento en la relación, producido por el hecho de que, su hermano ha prohibido que en su casa se hable del sobrino desaparecido María evidencia intensos conflictos frente a esto. Por un lado acata tácitamente acusaciones implícitas de su hermano, sometiéndose al silencio exigido, pero por otra parte tiene intensos sentimientos de rebeldía ante las ideas del hermano y sus exigencias. Teme tener un estado de bronca, por eso prefiere alejarse. Cuando María hace este planteo varias mujeres presentan situaciones familiares equivalentes.
Luego Silvia, que es esposa de un desaparecido, manifiesta que la familia de su marido nunca participó en la acción de los familiares y nunca tomó la iniciativa en la relación con ella y sus hijas. Cuenta que en estos años, por no producir una nueva pérdida a sus hijas, ella tomaba, en sus manos el mantenimiento de la relación con los abuelos paternos. Este año resuelve terminar con esta situación y, plantea a sus suegros que está dispuesta a mantener la relación con ellos en términos de reciprocidad. Dice que al principio por momentos sintió culpa, pero luego quedó francamente aliviada. Sugiere que María y otras personas tienen una actitud de excesivo sometimiento a las consignas de silencio familiar, que ella comprende por haberlas vivido durante un período, pero que eso no resuelve nada, por el contrario, profundiza el conflicto y llena de angustia y rabia.
En este momento en el grupo se abre una discusión intensa alrededor del tema del sometimiento y del manejo de la agresión en el seno de la familia, que permite ir, elaborando todo lo vinculado con la identificación con, la imagen de "papa caliente", presente de distinta manera y en diversos grados en la mayoría de los miembros del grupo.
Esta elaboración ayuda a desprenderse de la identificación con los mandatos de culpa y silencio, trasladando al mismo tiempo el centro de responsabilidad del seno de la familia al victimario real. También posibilita comprender ciertas actitudes familiares como productos sociales que son el resultado del terror dictatorial y de la intensa acción psicológica de la misma dictadura, y así favorece la ruptura del silencio y el intento de otro tipo de reconexión familiar sin concesiones.
Cuando termina una reunión, María, en una conversación colateral con la coordinadora, comenta que está muy impactada porque, habiendo estado un tiempo en terapia, el tema de su relación con el hermano, que tanto había vivido en el grupo de orientación, nunca había aparecido. Este fenómeno de escotomización muestra cómo, independientemente de su voluntad y conciencia, en su actitud frente a su terapia también había una zona en la que se hacía presente el acatamiento a la norma de silencio.
En este ejemplo se evidencian los mismos fenómenos grupales que señalábamos en el ejemplo anterior. En este caso se produce un despliegue, desarrollo y tendencia a la resolución de los conflictos vinculados con el manejo de la agresión y, el acatamiento o rechazo de la norma de silencio.
Si bien el objetivo de estos grupos no es de tipo terapéutico tradicional hemos observado efectos favorables directos, tales como:
1) Disminución de la culpa: la situación traumática y la campaña de inducción psicológica de la dictadura son de, tal envergadura que tienden a producir intensos sentimientos de culpa en el familiar. Estos sentimientos de culpa se instalan sobre viejos conflictos en los que juega la ambivalencia normal o incrementada hacia el desaparecido, produciéndose zonas de indiscriminación que tienden a generar un fenómeno de tipo causa-efecto que fomenta la culpa; por ejemplo, la fantasía de que los sentimientos de hostilidad hacia la víctima hubieran tenido algún peso en el secuestro.
La discusión de esta temática en el grupo permite evidenciar, a través del intercambio de experiencias subjetivas, como convicciones asentadas durante años por unos como fundamentando su culpa en lo ocurrido, chocan con, sentimientos de culpa de otros, apoyados simplemente en ideas opuestas.
2) Disminución de la angustia y aumento, de la tolerancia hacia ella: la catarsis, el intercambio verbal y el conjunto de fenómenos señalados en relación con el proceso grupal inciden en este aspecto.
3) Efectos discriminatorios y esclarecedores, sobre todo a partir de la ruptura de cierto tipo de identificaciones masivas o condensadas: Un ejemplo: poder llegar a reconocer y tolerar los efectos diferentes que la desaparición produce en los hijos y en la madre del desaparecido. Así se logra comprender la lógica interna, que determina diferentes conductas.
4) Mantenimiento y refuerzo de, la autoestima mediante el, sostenimiento y la reubicación, con auxilio del principio de realidad y de la comprensión intelectual, de los problemas, de las relaciones entre el yo el ideal del yo; también se refuerza la autoestima al Valorizar la actividad que realizan en relación con sus hijos y el conjunto de la sociedad.
En cuanto a las intervenciones del coordinador, son de distintos tipos. En primer lugar intentamos respetar al máximo y estimular la comunicación no radial. Para ello tendemos a no monopolizar la atención de los miembros del grupo y, por el contrario, a favorecer todos los procesos de reconocimiento de unos por otros, de reconocimiento de semejanzas y diferencias, y también de la capacidad de entender y ser entendidos por los otros miembros del grupo.
Algunas intervenciones están vinculadas al esclarecimiento o explicitación de situaciones conflictivas. Otras están dirigidas a evidenciar, partiendo de lo planteado por los miembros del grupo, diferentes repertorios de respuestas posibles frente a un mismo problema. Cuando es necesario hacemos señalamientos individuales, pero en general tendemos a hacer los que apunten al análisis de actitudes, experiencias de tipo complementario o simplemente diferentes que puedan enriquecer la visión de cada uno de los miembros del grupo respecto de un mismo problema.
Cuando el nivel de exigencias idealizadas depositadas en la figura y en la función, del coordinador se convierte en un obstáculo para el intercambio y el aprendizaje tenemos intervenciones dirigidas a disminuirlo. Expresamente eludimos asumir funciones de jueces, calificando rígidamente las conductas en buenas o malas, apropiadas o inapropiadas.
Es importante señalar que la realización de estos Grupos de Orientación genera en ocasiones demandas de tipo individual. En efecto, después de las reuniones algunas personas requieren asistencia. Son personas que presentan una problemática cuya resolución sobrepasa los objetivos del propio Grupo. Esta salvedad y los resultados de la experiencia realizada nos permiten concluir que los Grupos de Orientación autogestionarios, organizados en el propio ámbito de las instituciones ya aludidas, son una forma útil de abordaje de estas situaciones de emergencia social
Agosto de 1983