ALGUNOS ASPECTOS DE LA CONTRATRANSFERENCIA EN LA ASISTENCIA A FAMILIARES DE DESAPARECIDOS

 

Licenciada Raquel C Bozzolo

 

En el presente trabajo analizaremos ciertos aspectos del impacto emocional que genera nuestra tarea, desde el registro subjetivo de los terapeutas.

Nuestra actividad se desarrolla con madres, padres, hermanos, hijos, y esposos de detenidos-desaparecidos vinculados a Madres de Plaza de Mayo.

Conviene recordar la traumática situación en que se produjeron dichas desapariciones, caracterizada por la violencia indiscriminada, la incertidumbre y la ambigüedad sobre el destino del familiar secuestrado. Los familiares con los que trabajamos se vieron repentinamente expuestos a una pérdida, a una fractura de su familia, a una angustiosa espera llena de versiones contradictorias y al aislamiento social inicial con que respondió en mayor o menor medida nuestra aterrorizada comunidad frente a sus reclamos.

Consideramos a los familiares como víctimas principales de una situación de gravísima emergencia social y no como enfermos mentales.  Dicha situación de la comunidad, al ser los terapeutas integrantes de la misma, nos atraviesa con todas sus implicancias.  Estos dos elementos: nuestra concepción de los familiares como víctimas de emergencia social y nuestra condición de miembros de la misma comunidad que atraviesa la emergencia, nos han llevado naturalmente a trabajar en condiciones no habituales para la atención psicológica.  Compartimos con los familiares momentos, ámbitos y tareas extraasitenciales cuya finalidad no es la resolución psicológica; sino la lucha por la aparición con vida de sus familiares y el imperio de la justicia sobre los responsables de sus desapariciones.

Realizamos nuestra tarea en la Casa de las Madres, hacemos reuniones grupales y entrevistas individuales compartiendo el espacio físico con las Madres, y alguno de nosotros ha mantenido más de una entrevista en el césped de Plaza de Mayo durante una marcha.

El relato de los familiares es de por sí impactante, el contexto también lo es: ¿Qué nos pasa a los terapeutas? ¿Cómo operamos en estas condiciones?

El efecto predominante, sobre todo al comienzo de la tarea, es la angustia que muchas veces nos requiere un sobreesfuerzo consciente para no obstaculizar nuestra capacidad de reflexión.

Freud hablaba principalmente de dos tipos de angustia: la angustia señal y la angustia automática.  La primera funciona como toque de alarma que permite al aparato psíquico, poner en marcha mecanismos y conductas defensivas.  En el caso de la angustia automática el sujeto se siente paralizado no pudiendo pensar y actuar.  Freud planteaba que la angustia irrumpe de tal modo cuando existe debilidad del Yo o ante un estímulo demasiado intenso.

La mayoría de los episodios de angustia registrados por los terapeutas en esta tarea resulta difícil de discriminar, ya que se atraviesan algunos segundos de parálisis, muchas veces acompañados por llanto.  Para lograr la puesta en marcha de mecanismos defensivos es indispensable un buen entrenamiento terapéutico y una Determinada fortaleza yoica.

La angustia irrumpe en los momentos en que es más difícil mantener la distancia

afectiva.  Daremos ejemplos relatados por los terapeutas:

"Cada vez que escucho a una madre mencionar a sus hijos por el sobrenombre me lleno de angustia y me cuesta pensar por un momento”

Cuando escuché, a  esa señora que había pensado en el frío que tendría su hijo se y preguntaba si le habrán salido sabañones como siempre, me quedé paralizada y ya no escuché más nada por un ratito."

 

En cualquier tarea asistencias es necesario efectuar una disociación instrumental: una parte del Yo queda, identificada con el relato del paciente y otra parte del Yo toma cierta distancia útil para poder observar. Dicha disociación se ve amenazada constantemente por sentimientos muy intensos y complejos.  Algunos de éstos son efecto de escuchar el relato cercano y personalizado de un familiar de desaparecido, que difiere en mucho del conocimiento mediatizado del tema.  Aparece un dolor psíquico, producido por empatía ante el hecho de saber los sufrimientos a los que se han visto sometidos otros seres humanos.

En nuestra tarea la emergencia de angustia es una situación inevitable por la que atravesamos todos, y que intentamos resolver con la ayuda de otros terapeutas en la reunión del equipo.

Otra de las actitudes que esta dramática situación genera en los terapeutas es la reparación omnipotente. Nos sentimos movidos a hacer "algo" que omnipotentemente resuelva la dolorosa y ambigua situación por la que atraviesa el familiar.  Probablemente  sea también por esta necesidad de dar una resolución mágica e ilusoria que muchos terapeutas se vieron movidos a definir ellos mismos la situación del desaparecido dándolo por muerto, intentando así dar fin al dolor.

En numerosas ocasiones, los terapeutas nos hemos sentido atacados de los mismos sentimientos de exclusión que nos relataban los familiares, al intentar comentar nuestra tarea con otros terapeutas ajenos a ella. Creemos que esta situación estuvo vinculada al silenciamiento social que sobre el tema de los desaparecidos hubo durante tantos años y a nuestra particular inclusión que nos llevó a "saber de lo que no se quería saber, y más recientemente a "recordar aquello que se pretendía hacer olvidar".

Aparecen a veces sentimientos de otro orden, que pueden entorpecer nuestra, operatividad y que deben ser manejados con mucho cuidado, Un ejemplo lo constituye la profunda admiración que a los terapeutas nos produce la fortaleza y valentía de algunos familiares y la forma en que fueron enriqueciéndose psicológicamente durante su lucha.  Para poder operar y ayudar a pensar, hemos tenido que proteger nuestra capacidad de reflexión de la "idealización" que las Madres por su capacidad de lucha nos puedan generar. Hemos planteado en el comienzo de nuestra comunicación que nuestras condiciones de trabajo distan mucho de ser las habituales en la asistencia psicológica ya que compartimos con los familiares ciertas actividades extra asistenciales.

En la particular situación social que generó a la organización con que colaboramos, Madres de Plaza de Mayo, nuestro compromiso inicial con su lucha fue una condición básica para el posterior accionar terapéutico.

Esta situación de compromiso con la organización y su lucha nos ayuda a atravesarlas múltiples dificultades contra transferenciales y nos ha permitido ser depositarios de la confianza imprescindible para esta difícil tarea.  Somos conscientes de los obstáculos que dicho compromiso activo nos ha generado en la toma de distancia necesaria para cualquier operación psicológica, y por eso nos hemos dedicado a desarrollar al máximo nuestros instrumentos de trabajo  para adaptarnos a la nueva situación a la que asistimos.

La reafirmación cotidiana del compromiso inicial es para nosotros indispensable ya que cada vez nos resulta, más evidente la íntima y a la vez intrincada relación entre lo psicológico y lo ideológico.  Creemos que un ejemplo de esto lo constituyen las mismas Madres, a las que la lucha por sus desaparecidos y la organización colectiva les han permitido mantenerse psíquicamente integradas aunque sus heridas permanezcan abiertas.

 

Setiembre de 1983