ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO CLINICO CON FAMILIARES DE DESAPARECIDOS. UNA PARTICULAR ELABORACION DE LA PERDIDA

 

Licenciada Elena Nicoletti

 

La represión desatada por la dictadura militar a partir del 24 de marzo de 1976 tuvo su principal expresión en la desaparición de personas, cuyos efectos operan todavía en la sociedad argentina.

Caracterizamos la situación de desaparición como tortura psicológica, cuyo objetivo es la destrucción del sujeto.  "...el desaparecido es una persona sometida a una deprivación sensorial y motriz generalizada (manos atadas, ojos vendados, prohibición de hablar, limitación de todos los movimientos) en condiciones de alimentación e higiene subhumanas, que no sabe dónde está aunque a veces pueda adivinarlo, y que sabe que afuera no saben dónde está él, con absoluta incertidumbre sobre su futuro; 'Nadie sabe que estás acá'; 'Vos estás desaparecido'; 'Vos no existís'; 'No estás ni con los vivos ni con los muertos".(1)

Esta situación, que consideramos esencial, apunta a la anulación de la existencia como ser de las víctimas, y ha producido efectos tan profundos como la tortura física, y en no pocas ocasiones más graves aun.

Cuando realizamos el trabajo sobre torturas ya mencionado entrevistamos al señor M. quien relató que fue secuestrado y llevado a un lugar que no conocía.  Después de haber sido torturado durante tres días fue dejado en un patio, donde quedó sentado, esposado, con los ojos vendados, sin poder hablar y sin saber qué iba a pasar con él, con la presunción de, que iban a matarlo.  En esta circunstancia relató haber sufrido una crisis de angustia con vivencias de despersonalización (lo que no había. ocurrido al ser torturados) hasta el momento en que fue reconocido por otros detenidos, colaboracionistas, que lo nombraron por su apellido.  Los efectos de la angustia por la falta de reconocimiento fueron tan intensos que lo llevaron en el transcurso de la entrevista a revelar involuntariamente, su apellido, a darse a conocer, quebrando de esta manera el anonimato previamente convenido.

Ahora bien, esta situación de desaparición del entorno familiar, del mundo de la escena de la existencia, produce efectos en el conjunto de la sociedad, en particular en los familiares. Los que se nuclearon en la Organización de las Madres de Plaza de Mayo se constituyeron como resistencia a la desaparición no sólo de sus hijos sino de todo aquel que pudiera estar en la misma situación, poniendo en primer plano el derecho a la vida. Desde un punto de vista fenoménico, una desaparición en las condiciones mencionadas ¿implica una pérdida? Si lo es, reviste características muy particulares, ya que en primer lugar no se sabe qué se perdió.  El desaparecido es alguien que ya no está donde estaba, no se sabe dónde está, ahora, y su existencia intenta ser negada. El llamado "Informe final" de la dictadura, pretendió dar por muertos a los desaparecidos sin dar los nombres: es, decir que estar desaparecido es tener negada la existencia como vivo y como muerto.

En la teoría psicoanalítica el concepto de pérdida nos remite al artículo de Freud de 1915 "Duelo y. melancolía"(2).  Dice Freud: "El duelo es, por lo general, la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente" y sostiene que bajo circunstancias similares surge en algunas personas la melancolía en lugar del duelo.  Considera que el duelo no es un estado patológico aunque le impone al sujeto “considerables desviaciones de su conducta normal”, confiando en que desaparecerá solo al cabo de un tiempo y juzgando inadecuado perturbarlo.

A continuación Freud describe comparativamente los procesos psíquicos del duelo y la melancolía:

 

"La melancolía se caracteriza psíquicamente por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio. Esta última se traduce en reproches y acusaciones, de que el paciente se hace objeto a sí mismo, y puede llegar incluso a una delirante espera de castigo.  Este cuadro se nos hace más inteligible cuando reflexionamos que el duelo muestra también estos caracteres, a excepción de uno solo: la perturbación del amor propio.  El duelo intenso, reacción a la pérdida de un ser amado, integra el mismo doloroso estado de ánimo, la cesación del interés por el mundo exterior (en cuanto no recuerda a la persona fallecida), la pérdida de la capacidad de elegir un nuevo objeto amoroso (lo que equivaldría a sustituir al desaparecido) y al apartamiento de toda actividad no conectada con la memoria del ser querido. Comprendemos que esta inhibición y restricción del yo es la expresión de su entrega total al duelo que no deja nada para otros propósitos e intereses.  En realidad, si este estado no nos parece patológico es tan sólo porque nos lo explicamos perfectamente."

En nuestra experiencia en el Equipo de Asistencia Psicológica de Madres de Plaza de Mayo hemos comprobado que la respuesta de las Madres frente a las desapariciones no se corresponde estrictamente con las respuestas frente a las pérdidas de objeto descritas por Freud.  Encontramos, sí, angustia, dolor, miedo, impotencia, desesperación, odio, culpa, tristeza; pero en las Madres está parcial o totalmente ausente esa inhibición y restricción a que alude Freud.  Las Madres producen actos que tienen efectos importantes en el conjunto de la sociedad.  Su intento de elaboración no es paralizante sino todo lo contrario.

Nos preguntamos qué conceptos psicoanalíticos son pertinentes para dar cuenta de estos procesos.

Las madres han rechazado la palabra duelo referida a sí mismas por el uso que de éste pretendió hacer la dictadura ,para no responder sobre sus crímenes, dándole una connotación de proceso terminado donde ya nada podrían hacer salvo dedicarse a su "elaboración".

Sabemos por la experiencia clínica que no es la naturaleza de la pérdida lo que determina la existencia o no de un proceso de duelo,.ya que no puede saberse a ciencia cierta qué es lo perdido, pero nos interesaba señalar que en el artículo ya citado Freud apunta que en la labor de duelo "el examen de realidad ha mostrado que el objeto amado no existe ya". ¿Qué es entonces lo que ocurre cuando la situación es de incertidumbre acerca del destino del desaparecido?

Con el mismo trabajo 'Freud también plantea la hipótesis de que la predisposición a la melancolía o una parte de ella "depende del predominio del tipo narcisista de la elección -de objeto".

En tanto las Madres, no desarrollaron un proceso melancólico, podríamos pensar que la relación con el desaparecido no tiene las características de un vínculo dual, especular, narcisista.: El narcisismo es esa relación del Yo con una imagen que lo sostiene y que lo ha constituido por identificación, la imagen del otro en el espejo cuyo correlato es la tensión agresiva.  Dice Miller en Cinco conferencias caraqueñas sobre Lacan (3) "...la relación imaginaria del yo y del otro, es una relación mortífera, una relación que está en el yo o el otro".  Lacan, dice Miller, introduce la disyunción entre lo imaginario y lo simbólico, distingue el Yo en su dimensión imaginaria y el sujeto como término simbólico.  La relación imaginaria es una dimensión de rivalidad mortal.  Es necesario e imprescindible que opere el simbolismo para dar salida a la relación especular y sus efectos deletéreos.  La palabra como vertiente de lo simbólico cumple una función pacificadora, operando identificaciones que permiten superar la rivalidad imaginaria.

La relación entre la estructura y el sujeto  se distingue de la relación imaginaria del Yo

y el otro.  De ahí el concepto de Otro, el Otro del lenguaje de la verdad, el Otro como Ley, el lugar del código, del Otro del deseo, el deseo como inconsciente.

Esta acción del simbolismo no anula el narcisismo, sino que lo sitúa en otro plano, en este sentido los fenómenos narcisistas no desaparecen si no que aparecen resituados, y en ocasiones exacerbados.  Así el auto reproche aparece bajo la forma de lo que cada madre hubiera debido o podido hacer para evitar la desaparición de su hijo, pero no asume las características paralizantes que adopta en la melancolía.  De este mismo orden son también los fenómenos de idealización del desaparecido y de rivalidad con algún otro miembro de la familia en términos de "quién hace más por él.

Las Madres no aparecen capturadas por una relación especular.  Desde esta perspectiva nos ha parecido que las consignas expresarían justamente esta posición de las Madres que trasciende el narcisismo.  Sobre todo, las consignas "Aparición con vida" y "Castigo a los culpables”.

"Aparición con vida"; "Con vida los llevaron, con vida los queremos", no son sólo la expresión de un anhelo, de un deseo de que el desaparecido retorne, sino también una demanda al Otro, no son ellas quienes omnipotentemente garantizarían la Vida sino que hay otro en juego en relación a la suerte del desaparecido y debe dar cuenta de ello.  Nos parece significativo que las Madres no hayan renunciado nunca a esta consigna, aun ante intensas presiones para que así lo hicieran.

No está sólo en juego el hijo de cada una sino el hijo de todas.  Es una salida de la díada narcisista yo y mi hijo, expresada en la lucha por los desaparecidos "Aunque hubiera sólo veinte desaparecidos con vida seguiremos luchando".  Las Madres rechazan "cadáveres sin identificar, reducidos o incinerados”, su búsqueda no es de una imagen, sino de la verdad y la justicia.

Justamente la otra consigna, "Castigo a los culpables", seria también una apelación al Otro, al Otro de la Ley.  No es venganza, no está en el registro imaginario de la retaliación, si no que  apela a los efectos ordenadores de la Ley, como límite a la arbitrariedad, no sólo, para sí mismas sino también para toda la sociedad.  En este sentido la lucha aparece como una elaboración en el plano simbólico; aunque las Madres parecen estar girando sólo alrededor del hijo, su accionar produce efectos. Esto nos ha llevado a planteamos una vez más un interrogante subyacente a lo largo de estas reflexiones: cuál es el estatuto del desaparecido en  tanto objeto.

Para las Madres el desaparecido está más allá del objeto narcisista; aunque no lo desarrollaremos en este trabajo pensamos que tampoco es un objeto fálico, no ha sido sustituido en la cadena significante (al respecto reflexionábamos sobre el lugar del hijo para la madre, ya que, creemos que no es accidental que hayan sido las madres las que han sostenido al Movimiento aunque participen otros familiares). La teoría psicoanalítica sostiene que es la tendencia deseante la que mueve a un sujeto a hacer actos, nos preguntamos si para las Madres no estará en juego con relación al desaparecido aquello que Lacan denominó objeto del deseo, el objeto a.  Este punto para nosotros no es de llegada sino de partida, la profundización en el mismo determinará su pertinencia.

 

Notas:

1)     Kordon, Diana R. et al., “La tortura en la Argentina”, p.87 de este volumen.

2)     Freud, Sigmund: “Duelo y melancolía” Obras completas, T II, 3ª ed, Biblioteca nueva, Madrid, 1973, pp.209 y ss.

3)     Miller, Jacques-Alain: “Cinco conferencias caraqueñas sobre Lacan”, colección Analítica, Editorial Ateneo de Caracas, 1981, p. 17

 

Abril de 1984